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¿Sabes realmente qué diferencia hay entre residuos peligrosos y no peligrosos?

La correcta clasificación de los residuos es esencial en cualquier sistema de gestión ambiental. ¿Por qué? Porque de esta distinción depende el tipo de tratamiento, transporte y destino final. Hablemos de ello.

¿Qué son los residuos peligrosos?

Los residuos peligrosos son aquellos que representan un riesgo potencial para la salud humana o el medio ambiente. Incluyen sustancias inflamables, tóxicas, corrosivas, explosivas o que presentan características ecológicamente destructivas. Pueden proceder de procesos industriales, laboratorios, hospitales, talleres automotrices y otros sectores.

Su gestión incluye envases específicos, sistemas de contención seguros y un tratamiento especializado en plantas autorizadas.

¿Y los residuos no peligrosos?

En cambio, los residuos no peligrosos son aquellos que, en circunstancias normales, no tienen riesgos significativos para la salud o el entorno. Aquí encontramos residuos domésticos, papel, cartón o madera. Su tratamiento suele pasar por recogida urbana, reciclaje mecánico, compostaje o valorización energética.

¿Qué los distingue en la práctica?

Caracterización

Antes de manipular un residuo, es necesario analizar su composición química y su peligrosidad según normativas nacionales y europeas.

Separación y etiquetado

Los residuos peligrosos deben estar claramente separados y señalizados, con fichas técnicas que indiquen su categoría de riesgo.

Gestión diferenciada

Los códigos LER (Lista Europea de Residuos) separan unos códigos de otros. Su tratamiento sigue itinerarios distintos, con exigencias en la trazabilidad.

Distinguir correctamente entre residuos peligrosos y no peligrosos no es una cuestión menor, es un requisito esencial para proteger la salud pública, evitar daños al medio ambiente y cumplir con la legislación vigente. Esta clasificación es la base sobre la que se sustenta todo el sistema de gestión de residuos. La responsabilidad recae no solo en las industrias, sino también en los ciudadanos, que deben estar informados y comprometidos. En un mundo donde los residuos crecen al ritmo del consumo, la pregunta es inevitable: ¿estamos preparados para asumir nuestra parte?

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